sábado, 16 de julio de 2011

“Percy Jackson y Los dioses Del Olimpo IV: La Batalla del Laberinto” de Rick Riordan.


Título: “Percy Jackson y Los dioses Del Olimpo IV: La Batalla del Laberinto”
Título Original: “Percy Jackson and the Olympians IV: The Battle of the Labyrinth”
Autor: Rick Riordan.
Editorial: Salamandra.
Año de Publicación: 2008.
Género: Literatura Fantástica, Aventura.




A punto de comenzar primero de secundaria, Percy Jackson no espera emociones fuertes, sino más bien un aburrimiento soporífero. Pero cuando en la nueva escuela se presenta una vieja amiga, seguida de un par de animadoras diabólicas, los acontecimientos se precipitan y todo empieza a ir de mal en peor. Cronos, el malvado señor de los titanes, amenaza con destruir el Campamento Mestizo, donde se refugian los jóvenes semidioses. Para evitarlo, Percy y sus amigos deben emprender una arriesgada búsqueda a través del laberinto, un mundo subterráneo plagado de trampas peligrosas, monstruos furiosos y criaturas perversas, concebido para acabar con quienes se atrevan a profanarlo.





Alto contenido de Spoilers, quedan advertidos!

Nos acercamos al final de las fantásticas aventuras de Percy Jackson, esta vez, nos adentramos en famoso laberinto de Dédalo Teseo Derrotó al Minotauro— El mismo Minotauro que Percy venció la primera vez que llegó al campamento mestizo— y salió de este con la ayuda de la Princesa Ariadna.

Ahora, entremos un poco más en la trama del libro

La vida de Percy, siempre ha estado lejos de ser normal, y todo se confirma cuando va a una orientación en su nueva escuela y unas animadoras se transforman en horripilantes dracaena y tratan de acabar con él, pero Percy, siendo hijo de Poseidón, se escapa por los pelos, eso sí, dejando hecho un completo desastre el gimnasio de la escuela.

Ahora Percy huye junto con su amiga Annabeth y juntos se dirigen al campamento mestizo, donde se enteran que el ejército que Luke ha estado reclutando para Cronos, está en plena marcha para destruir el campamento y arrasar con todos los semidioses. El problema es que Quirón, sospecha que van a usar el legendario Laberinto de Dédalo que se extiende bajo tierra por todo los Estados Unidos, pero hasta donde saben, el laberinto no tiene salida al campamento.

O al menos eso todos creían hasta que Percy y Annabeth caen en un agujero, y se topan con la entrada del campamento hacia el laberinto.

Ahora, Annabeth basándose en deducciones, quiere encontrar a Dédalo, que al parecer sigue vivo y vive en toda la mitad del Laberinto, para pedirle que evite ayudar al ejército de Luke o que bien, cierre la entrada del campamento.

Así que Percy, Annabeth y Tyson, emprenden una aventura en aquel peligroso laberinto lleno de trampas, monstruos y enemigos, adentrarse en aquel lugar donde el tiempo transcurre de una manera diferente y el lugar donde simplemente se puede perder la cordura.



En esta cuarta entrega de las maravillosas aventuras a las cuales nos transporta Percy Jackson, nos adentramos en el Laberinto de Dédalo para evitar que el ejército de Cronos invada y destruya el campamento.

Ahora si, entremos mas en tema.

La relación complicada entre Annabeth y Percy, empeora cuando una mortal llamada Rachel—la cual puede ver a través de la niebla— pasa mucho tiempo con Percy, cosa que saca de quicio a Annabeth, incluso la pone de un humor de perros, cuando Percy sugiere pedirle ayuda a Rachel para que los guíe por el laberinto. Eso me huele a celos, aunque pensándolo bien, esa tal Rachel tambien me cae como mal.

Como todos los seguidores de los libros de Percy saben, todos tienen una gran dosis de humor, aquí les dejo una de mis partes favoritas, la cual me hizo reír mucho:
“«A medida que el demonio marino madura —decía el narrador— se producen cambios en su cuerpo. Tal vez habéis notado que os han crecido colmillos y sentís un repentino deseo de devorar seres humanos. Estos cambios son perfectamente normales y les suceden a todos los monstruos jóvenes.»
Un clamor de excitados gruñidos inundó la habitación. El profesor —supuse que debía de ser un profesor— ordenó a los jóvenes que guardaran silencio y la proyección continuó. La mayor parte no la entendí y tampoco me atrevía a asomar la cabeza. La película seguía hablando de crisis de crecimiento, de problemas de acné causados por el trabajo en las fraguas y de la higiene adecuada de las aletas.”


El libro enserio me gustó mucho, pero hubo una parte que sinceramente me rompió el corazón, la cosa empieza cuando Percy, se encuentra en la isla de Calipso, la cual es una hija del Titán Atlas que ha sido encarcelada por toda la eternidad en la isla de Ogigia. Recuerdan que en mi sinopsis de La maldición del Titán dije que los dioses son unos maestros para imponer castigos? Bueno, ahora digo que las Moiras son unas maestras para torturar el corazón. Quieren saber por que? Le doy dos opciones, la primera, por supuesto, leerse el libro xD; la segunda leer el fragmento que voy a poner más abajo.

Algo que me hubiera gustado mucho, hubiera sido una palea entre Percy y Nico, pero bueno creo que la estima que Poseidón le demuestra a Percy, diciéndole que es su hijo favorito, lo compensa... eso me derritió el corazón xD.

Bueno, no tengo nada mas que decir, solo que lo disfruten!



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1
“—Prometí que no te lo propondría...
—¿El qué?
—Que te quedaras.
—Quedarme, ¿cómo? —me sorprendí—. ¿Para siempre?
—En esta isla serías inmortal —dijo ella en voz baja—. No envejecerías ni morirías.
Podrías dejar la lucha en manos de los demás, Percy Jackson. Podrías escapar de tu profecía.
La miré, atónito.
—¿Así como así?
Ella asintió.
—Así como así.
—Pero... mis amigos.
Calipso se levantó y me tomó la mano. Su piel me transmitió una cálida corriente por todo el cuerpo.
—Me preguntaste por mi maldición, Percy. No quería contártelo. La verdad es que los dioses me mandan compañía de vez en cuando. Cada mil años más o menos, permiten que llegue a mis costas un héroe, alguien que necesita mi ayuda. Yo lo cuido y me convierto en su amiga. Pero nunca sucede al azar. Las Moiras se encargan de que el tipo de héroe que me envían...
Le tembló la voz y tuvo que detenerse.
Estreché su mano con más fuerza.
—¿Qué? ¿Qué he hecho para entristecerte?
—Envían una persona que nunca puede quedarse —susurró—. Que nunca puede aceptar la compañía que le ofrezco más allá de un breve período de tiempo. Me envían un héroe del que no puedo evitar... precisamente el tipo de persona del que no puedo evitar enamorarme.
La noche se había quedado en silencio, salvo por el gorgoteo de las fuentes y el murmullo de las olas en la playa. Me costó un rato comprender lo que estaba diciendo.
—¿Yo? —dije.
—Si pudieras verte... —Reprimió una sonrisa, aunque todavía tenía lágrimas en los ojos—. Claro que sí. Tú.
—¿Por eso procurabas apartarte de mí?
—Lo he intentado con todas mis fuerzas, pero no puedo evitarlo. Las Moiras son crueles. Te enviaron a mí, mi valiente, sabiendo que me romperías el corazón.
—Pero... Yo sólo... O sea, sólo soy yo.
—A mí me basta —aseguró Calipso—. Me dije a mí misma que no hablaría de ello, que te dejaría marchar sin proponértelo siquiera. Pero no puedo. Supongo que también eso lo sabían las Moiras. Podrías quedarte conmigo, Percy. Me temo que sólo así serías capaz de ayudarme.
Contemplé el horizonte. Las primeras luces del alba teñían el cielo de rojo. Si me quedaba allí para siempre, desaparecería de la faz de la tierra y viviría con Calipso, atendido por criados invisibles. Plantaríamos flores en el jardín, hablaríamos con los pájaros, caminaríamos por la playa bajo un cielo siempre azul. Sin guerras. Sin profecía. Sin tener que tomar partido.
—No puedo —le dije.
Ella bajó la mirada con tristeza.”

2
“Cuando vi los dientes de los caballos abandoné toda esperanza.
Al aproximarme a la cerca me tapé la nariz con la camisa para tratar de evitar aquella fetidez. Un semental avanzó entre el estiércol, soltó un relincho agresivo y me mostró unos dientes afilados como los de un oso.
Intenté hablarle mentalmente. Con la mayoría de los caballos puedo hacerlo.
«Hola —saludé—. Vengo a limpiar vuestros establos. ¿No te parece genial?»
«¡Sí! —dijo el caballo—. ¡Ven, que te como! ¡Sabroso mestizo!»
«Pero ¡si soy hijo de Poseidón! —protesté—. Él creó a los caballos.»
Esta declaración suele granjearme un trato de preferencia en el mundo equino, pero esta vez no funcionó.
«¡Sí! —respondió el caballo, entusiasmado—. ¡Que venga Poseidón también! ¡Os comeremos a los dos! ¡Marisco rico!»
«¡Marisco!», repitieron los demás caballos, mientras vadeaban por el estiércol.”

3
“—Percy, los seres inferiores hacen muchas cosas horribles en nombre de los dioses. Lo cual no significa que los dioses estén de acuerdo. Lo que nuestros hijos e hijas hacen en nuestro nombre... suele decir más de ellos que de nosotros. Y tú, Percy, eres mi hijo favorito.
Me sonrió y yo sentí en ese momento que estar allí con él, en la cocina, era el mejor regalo de cumpleaños que había recibido nunca.”




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